xml feed Kiako, the cook
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Modestia aparte: Bu-di-na-zo. 

Miren que el de coco en 3 ingredientes es un amor; y que el Banana Bread de hace unos días fue un hitazo. Pero nada se compara. Creo que éste es, lejos, el mejor budín que hice hasta ahora. No sé si es la combinación de sabores (limón, yogur y frambuesas = un solo corazón), o la proporción justa de ácido y dulce, o tal vez la esponjosidad esponjosísima que me sorprendió. Lo único que sé es que no podemos parar de comerlo.

Te digo y te repito, es mi nuevo amor, y el de todo aquel que lo probó en casa. Un amor compartido, socializado digamos… y cuando lo prueben, algo me dice que será Amor en masa. 

Si no tenés frutos rojos, de seguro esta receta quedaría súper bien con otras frutas ácidas (ciruela o damasco, por ejemplo); y también creo que ante el apuro y la tentación urgente, reemplazando la fruta por mermelada y bajando la proporción de azúcar se llegaría a un muy buen puerto. Todo lo cual indico mejor en la receta, con ideas variables y un par de tips, haciendo click aquí.

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Una cosa lleva a otra cosa, y a otra más… efecto cocinero-dominó.

El cous cous de coliflor que compartí hace un tiempo me dejó con ganas de seguir jugando. Esa textura “couscousiana” daba para más, y pensé: quiero retruco. Hacer con él una costra para cubrir este salmón al horno fue un hitazo. El resultado es una mantita blanca con muuucho gusto (porque lo usamos de esponjita absorbente de sabores) y pega muy bien con el pescado. Además, la costra ayuda a que la humedad y los aromas no se escapen, y salga un salmoncito bien a punto.

Receta de Salmón al horno con costra de coliflor al teryaki, haciendo click aquí.

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Bienvenidos a las Recetas A Través Del Espejo. Eso que ven ahí, no les miento, son hongos rellenos. Decontruidos, claro…

Resulta que el otro día, cuando publiqué la receta de los Portobello con relleno de berenjenas y tomates, así como al pasar, una colega bloggera (Novivedeensalada, ¡os la recomiendo!) me sugirió probar el modo “inverso”: hacer las berenjenas rellenas con hongos y demás ingredientes. La idea me pareció riquísima, pero más aún, me fascinó el concepto - desafío: ¿qué pasaría si buscamos invertir las recetas, pasarlas al otro lado del espejo, como Alicia la del país de las maravillas? Se me hizo pochoclo de neuronas, cada plato que se me cruzaba iba a parar al Conversor Mental a ver en qué podía transformarse, espejarse, kafkanizarse.

Por suerte la fiebre deconstructora pasó rápidamente. O eso creí. Pocos días después, me encontré a mí misma haciendo el relleno de los hongos… y sin la menor intención de rellenarlos. ¿Qué estaba pasando? mis manos tenían voluntad propia… un rato después me informaron del resto: el menú del día era una tarta de berenjenas, con masa de mijo cocido súper tierna, y mucho pero mucho sabor turco: un plus dulzón que no puede faltar, y un toque especiado pero sin picor, bien típico.

Esta tarta es un hit. Es impresionante cómo puede salir un plato tan distinto con la misma “información genética”. Como quizás habrán notado, no llegamos a sacar ni una foto antes de comernos un par de porciones. 

La receta de esta tarta turca de berenjenas, que además resultó vegana, por acá.

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Ponele que te gustó el “bocadito marroc” casero, ése que tenía porotos negros. Aunque yo esperaba que me quemen en la hoguera, lo cierto es que la gran mayoría se entusiasmó. Bueno, esta es la versión galletitosa de ese sabor. Con todo el chocolate y una textura húmeda, tierna, casi diría blanda. Y sin una gota de harina.

Estas galletitas tienen pocas diferencias respecto de la receta del marroc; son escandalosamente fáciles de hacer y muy especiales. Quedan suaves y muy blandas, eso sí, no esperen efecto crocante: aunque ya me picó la curiosidad y pronto investigaremos versiones misteriosas. 

Es difícil de creer que algo tan rico y, a falta de una palabra mejor, goloso, se pueda hacer con estos ingredientes. No te va a quedar otra que comprobarlo vos mismo…

La receta está haciendo click aquí.

Para la receta del bocadito marroc saludable, click aquí.

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Un día llega L. a casa con ojitos ensoñados. Venía de probar un budín de banana espectacular que hizo la novia de un amigo. Habían tenido una jornada de grabación larguísima y ella, ni lenta ni perezosa, horneó un budín especialmente para el grupo y se los mandó: una bendición con moño. 

No crean que esto fue una lección de vida, y que ahora me la paso batiendo, espumando y horneando para enviar dulces regalitos a ensayos y grabaciones. No, no y no: aunque la mona se vista de seda, mona queda; y a esta mona le encantan las bananas, pero al parecer le falta el gen de Madre Teresa. El gen - generoso, digamos. Así que, mientras aplaudo a la novia pastelera y en cuestión, sólo me inspiró lo suficiente para encontrar mi propio budín de banana -propio digo, por la receta original, pero también porque nunca salió de casa, hay que reconocerlo.

El “banana bread” es un clásico norteamericano. Es un budín que invita a usar poco azúcar gracias al dulzor propio de las bananas, y por eso, cuanto más maduras y hasta pasadas estén, mejor. Apuesto a que lo inventó un ama de casa desesperada harta de tirar a la basura las bananas de cáscara negra que ya nadie quería comer.

Además de ser integral y sin lácteos, esta receta incorpora un detallecito original: lleva un buen puñado de mijo, así como viene, en grano. El  mijo llega a cocerse en el horno pero al mismo tiempo queda crocante, y le da un no-sé-qué a la miga que le viene genial. Además de incorporar cereales enteros donde no los llamaron, que siempre es buena idea.

Acá va entonces, el budín de bananas integral con mijo, sin lácteos y con opción vegana, para monitos de todos los gustos. Click aquí para la receta.

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Ustedes no saben lo difícil que es hacerles justicia fotográfica a los champignones cocidos. La expresión “solo como un hongo” tiene que salir de ahí: por más que se peine para la foto, el pobre honguito no es muy agraciado. Compensa con su sentido del sabor, claro, y lo hace con creces. Sobre todo, relleno así. Yo no lo dejaría solito nunca…

Ya hay un par de recetas para hongos rellenos en el blog: se pueden ver haciendo click aquí. Lo bonito del caso es que son todas distintas entre sí: parece mentira que puedan salir tan diferentes versiones con una base tan sencilla y parecida, pero así es. Una es raw, la otra express y suavecita, ésta se caracteriza por otro lado: un relleno desmesuradamente sabroso, tan rico que la parte más difícil de la receta es no comérselo todo antes de rellenar los pobres honguitos, que quedarían nuevamente… solos.

Esta yunta de berenjenas, tomates y otros integrantes es una buena banda de compañeritos. Hagamos la buena acción del día, integremos al portobello o champignon amigo… la receta, haciendo click aquí.

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Leche de coco casera: vamos con una crónica que devela los mitos y verdades del caso. ¿Sale bien? ¿Queda rica? ¿Sirve como la comprada? Una investigación estremecedora, que pasamos a desarrollar.

1) Es facilísimo, verdad. Igual que cualquier leche vegetal, con variante aceleradora para sacarla en dos minutos si te olvidaste del remojo.

2) Es muy rica, verdad. El sabor a coco está y mucho. Solita ya te la querés tomar y sos feliz.

3) Es igual a la comprada: falso amigos. Es hora de salir de la negación. Aceptemos las pérdidas. La textura cremosa y densa de la leche de coco comprada es inapelable, no se logra al menos con ninguna receta casera que yo conozca, y cuando la necesitemos hay que salir y gastarse unos morlacos. Para hacer crema de coco batida, se imaginarán, no hay vuelta que darle.

Para lograr cremas crudas, crema batida o helada, en general para reemplazar la cremosidad de la crema o aportar textura espesa, no va a andar. Lo que pueden hacer es imitarla con kuzu, almidón de maíz o el mentado agar agar, pero para el caso sería lo mismo con cualquier otra leche vegetal y no hace falta atarse al coco.

Para cocinar, entonces, sirve en un montón de casos, y en otros no tanto. Cuando buscamos el sabor del coco, mazel tov! No hay problema. En budines, pancakes y panqueques, galletitas, infusiones, no vas a tener ningún drama. Simplemente quizás ajustar un poco la proporción de sólidos – líquidos cuando amerite. En mi ya famosísima marquise de chocolate vegana, por ejemplo, recomiendo sumar apenas una cucharadita de agar agar para lograr la textura adecuada. Para guisos estilo hindú o vietnamita, como el pescado infusionado en coco y limón, o curries, anda perfecto. Y para bebidas o licuados, riquíiiiismo.

La receta de leche de coco casera, en versión rápida y versión con reposo, por acá.

Índice de recetas con leche de coco en el blog, por acá.

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Lo rico, si fácil, dos veces rico… esto es un mensaje de paz y amor, con una bendición muy valiosa: manzanas y peras asadas, dulces y tiernas, sin trabajar ni un poco. Sincerémosnos: sin hacer, en realidad, nada de nada.

Diríamos que estas manzanas asadas son el pariente dulce del zapallo más rico del mundo, ése que hago entero y sale mejor que cualquier otro. Porque la técnica (pfffff la señorita dijo técnica, y ahora va a tener que contar de qué se trata, cómo sostiene dignamente eso de “técnica”?) es la misma:

- lavás la fruta,

- la acomodás en una asadera, 

- la tapás bien, con tapa o papel aluminio,

- y la cocinás a fuego moderado una hora y media, más o menos.

C’est tout. That’s all folks. Eso es todo. Sin rulos, sin vueltas, sin pases mágicos. También, sin azúcar ni nada que se le parezca. La pura fruta volviéndose cada vez más dulce y tierna en el horno, les juro que sale deliciosa como para alquilar balcones. O asientos a la mesa.

Nótese que ni siquiera me tomo el trabajo de retirar los cabitos y semillas antes (en el proceso de comer, sos tan feliz que no te molesta hacerlo mientras). Podés mandar un kilo y medio de fruta con toda tranquilidad, que te la vas a comer en el curso de la semana. Solita, de “snack”, como desayuno o merienda. Si acompañás la manzana con un buen copete de yogur y miel o mermelada de guindas por ejemplo, ¡uf! un postre de reyes, lo pondría en el menú de un restaurant cualquier día. Los amantes del crocante pueden pensar en granola, nueces tostadas o semillitas de sésamo.

"Técnica", dijo la muy canchera. Quizás debería haber sumado un par de pasos previos, para justificar, por ejemplo: cómo ir a la verdulería a comprar las manzanas…

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